RODRIGUEZ29112024

¿Temer a la IA? No es para tanto
Ignacio Ibarra Ibarra 

Monterrey.- Comentaba un amigo hace unos días acerca de sus temores sobre la inteligencia artificial (IA), dada la avalancha de informaciones espeluznantes acerca de esta invención que tiene de cabeza tanto al mundo académico como al mundo laboral. Sin duda es un hito dentro de la historia de la humanidad, al menos en lo que llevamos recorrido de este siglo XXI; nunca un invento o tecnología había causado tanto revuelo como la famosa IA, salvo tal vez el teléfono y la bomba atómica. Para ponernos claros, aunque ya se ha dicho y escrito mucho, la IA es, esto expresado por ella misma: “un campo de la informática que desarrolla sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana” (destacamos “campo” y “normalmente”).

Un campo define un radio de acción o bien una zona de influencia que desarrolla algún tipo de conocimiento. Y “normalmente” me parece que tiene alguna suspicacia puesto que estas tareas donde se emplea frecuentemente la inteligencia no siempre suceden así. Creo que la IA suple, es su especialidad o campo, estas tareas donde el humano debería abordar con su intelecto la solución o intervención para la solución. La IA, preocupa a los educadores en todo el mundo, principalmente donde el acceso a la tecnología es mayor, puesto que ha venido a cambiar radicalmente la relación maestro alumno en el aula.

Un ejemplo que ahora se vuelve un tema recurrente, es la cesión por parte del alumno a la IA la elaboración de su tarea o reportes de lectura, incluso de sus trabajos finales, llamados en el sistema de competencias educativas “PIA: producto integrador de aprendizaje”. Este factor llega a ser tan preocupante que se han desarrollado software para detectar la mano de la IA, esto es, IA para identificar IA. El asunto no llega solo a ese punto.

Otra preocupación entre docentes es la actitud en muchos alumnos hacia la institución educativa impulsada por la IA en el sentido de colocar el conocimiento del profesor/a bajo la revisión de esta invención (la IA) de manera síncrona al desarrollo de la clase, de tal manera que lo expuesto en el salón puede ser contrastado con los datos arrojados en el software mencionado. Esta situación, que tanto a quien esto escribe, en su labor de docente, como compañeros docentes conocidos, no es del todo preocupante puesto que al fin y al cabo lo que se busca en enriquecer el tema de la clase, no solo tener cantidad sino extender estos temas con ejemplos y debates.

Sin embargo, la actitud que desarrolla en algunos alumnos, quienes utilizando de manera equivocada la herramienta ceden el trabajo de su intelecto a la IA, afectan la clase, así como la institución escolar, puesto que ya como profesionistas no asumirán la tarea intelectual, cualidad de todo profesional, y dejarán gran parte de su trabajo en las tecnologías. Otro punto preocupante de la IA, es la ultima novedad de crear fotos falsas con artistas o familiares ya difuntos. Esta nueva moda trae consigo varios dilemas que se tienen que analizar con cuidado puesto que podríamos entrar en una “fake-mosfera” inquietante y mórbida, dominada por la ilusión o creación de falsos recuerdos que puede derivar en malentendidos o un desapego de la realidad. Tanto el aspecto educativo como psicológico, la invención y uso de la IA, nos ha de traer cambios substanciales en nuestras vidas y la cultura.

Por último, otro gran cambio se configura desde la IA en el mercado laboral y las profesiones. Destaca una página en Instagram llamada “México pragmático” que los reclutadores de empresas están extendiendo el uso en sus oficinas de la IA, destacan además que alguien que realiza su historial laboral bajo los lineamientos de esta tecnología inteligente tiene hasta un 8% mas de probabilidad de ser empleado por encima de quien no la emplea. México pragmático encuentra además que la IA favorece las solicitudes que utilizan ciertos nombres, categorías o entradas generadas por la misma inteligencia artificial para calificar positivamente al solicitante, esto es, la IA favorece las solicitudes hechas con la propia IA. Si esto es así, puesto que como en toda información, necesita constatación, tenemos un problema ético muy serio al poner encima de la honestidad y la biografía humana, con todos sus defectos y perfecciones, la automatización y la homogeneidad. Problema que ya no pertenece a la ciencia ficción sino que se encuentra ya en nuestras vidas.

Finalmente, estimado lector, urge llevar a cabo una revisión exhaustiva de los efectos del uso de esta tecnología inteligente, como está modificando nuestra educación, incluso nuestra vida interior, es decir, nuestra manera de ver la realidad, compartir tiempo con nuestros seres queridos, establecer relaciones, etc. Para el filósofo alemán Julien Nida-Rümelin, las máquinas no piensan, sino que actúan “como si pensarán”. No ha llegado el momento en que ellas mismas realicen eso que llamamos pensar, actividad que requiere una conciencia y adaptación a nuevas circunstancias. Si en el pasado nuestro problema era como diferenciarnos del animal y así llegamos a la moral y la cultura, o nos preguntamos como diferenciarnos de la máquina. En ese camino nos encontramos y es nuestro desafío para este siglo.

En mi punto de vista, la IA no posee algo muy valioso y único que es la iniciativa de pensar, proponer una tarea, hacerla surgir de la necesidad y de la mera curiosidad. Esta cualidad humana, nos dispone a proponer temas, abrir caminos, rescatar tareas olvidadas. Ese punto estoy seguro, está muy lejos del alcance de estas complejas tecnologías, que siempre esperan una orden para emprender un trabajo de investigación o búsqueda. Debemos apreciar esta característica nuestra como una cualidad eminentemente humana, es una práctica o praxis absolutamente humana difícilmente alcanzable para la IA.

¿Puede la inteligencia artificial ser un peligro? Sí y no, nos puede ayudar a subir el nivel de exigencia intelectual y tecnológica, pero debemos cuidar que no llegue a ser una impostora de la creatividad y genio humanos.