RODRIGUEZ29112024

¿Compartir o competir?
S.M. Martin

Eros y Thanatos, siameses en conflicto en un ego incompetente

Monterrey.- La lucha entre compartir para crecer y competir para perder o ganar, es un tema con múltiples perspectivas: la psicológica, la filosófica, la sociológica, la personal. etcétera. A lo largo de la historia, los seres humanos han tenido que elegir entre colaborar para el bien común o enfrentarse para obtener beneficios sectarios, individuales o grupales.

Sin embargo, este conflicto entre Eros y Thanatos fluctúan y se perpetúa a lo largo de la experiencia, subjetiva, de cada individuo, reflejando la diversidad de percepciones y emociones que caracterizan a esta especie. La dualidad puede manifestarse de manera compulsiva y patológica tanto en lo individual como en lo social: es moldeada por factores como la personalidad, el sentido de pertenencia y la angustia existencial.

Eros, el impulso de vida, no cesa de competir, incluso consigo mismo. Él es el ego que busca constantemente una expansión, un supuesto crecimiento evidentemente subjetivo. Este impulso vital, asociado con la creatividad, el amor y el deseo, puede llevar a la persona a un estado de contaminación de su propio autoconcepto. Puede generar una lucha interna cuando el deseo de crecer y prosperar se centra solo en sí mismo como una respuesta a una angustia irracional que enfrenta obstáculos imaginarios, más allá de la realidad circunstancial.

Esta lucha por sobresalir se convierte en protagonismo, excentricismo, falta de empatía y probablemente deviene en narcisismo (basta observar una asamblea entre vecinos o una disputa en la propaganda mediática). La obsesión por competir y sobresalir puede cegar a las personas, haciéndoles olvidar el valor de la colaboración y la empatía. El narcisismo, en su afán de autoengrandecimiento, tiende a menospreciar a los demás y a ver las relaciones como meras escalas para su propia ascensión. Esta visión distorsionada y egocéntrica no solo genera conflictos internos, sino que también erosiona los vínculos sociales, llevando al ego a un estado de aislamiento y desconfianza barnizados de poder.

Eros, entonces, se convierte en Thanatos; el impulso de muerte, cuando la competencia ya no es saludable. Cuando el deseo de sobresalir se manifiesta sin empatía ni colaboración. Esa lucha interna, cuando no se logra integrar adecuadamente, deviene en una erosión de los vínculos y un aislamiento que marca el comienzo de la autodestrucción que se ve proyectada en agresión hacia otros y conflicto con el todo. Esa fuerza que impulsa a competir, a luchar por la supervivencia y a imponernos sobre los demás se transforma en una competencia desenfrenada y el deseo de dominación; aspectos intrínsecos de un Thanatos asustado, y cuando prevalecen, conducen al deterioro y a la ruina en las relaciones humanas.

En un mismo ego trastornado, estos dos impulsos pueden estar en constante conflicto, creando una tensión interna que afecta la capacidad de la persona para tomar decisiones. El ego incompetente es aquel que no logra integrar adecuadamente estos impulsos, resultando en una incapacidad para manejar de manera efectiva sus relaciones con su entorno.

La filosofía y la psicología nos ofrecen diversas teorías paliativas y enfoques sedantes para entender y resolver este conflicto. Desde la perspectiva filosófica, podemos explorar las ideas de grandes pensadores como Platón, quien enfatizó la importancia de la virtud y la armonía en la vida humana, y Aristóteles, quien promovió la idea de la “justa medida” como clave para alcanzar la felicidad.

Compartir implica fomentar la cooperación y la empatía, promoviendo un entorno donde cada persona pueda aportar y recibir apoyo. Competir, en cambio, nos lleva por un camino de confrontación y aislamiento, donde la lucha por la supremacía puede resultar en la alienación y la destrucción. La competencia puede ser estimulante y ofrecer oportunidades de crecimiento, pero cuando se lleva al extremo, puede ser perjudicial tanto para el individuo como para la sociedad.

La integración de Eros y Thanatos en un ego sano y competente, requiere la capacidad de equilibrar estos impulsos y reconocer la importancia de la colaboración y la competencia en cada contexto. A esto le llamamos fortaleza psíquica, autoconsciencia y resiliencia: reflexión cognoscitiva.

Escuchar, aceptar y reconocer son pasos fundamentales para lidiar con este conflicto entre Eros y Thanatos, entre compartir y competir. Estas fuerzas, aunque aparentemente opuestas, son partes intrínsecas y suplementarias de la experiencia humana y de su perfeccionamiento.

Aceptar la coexistencia de estos impulsos permite a la persona desarrollar una comprensión y compasión más profunda hacia sí misma y hacia los demás. Es esencial reconocer que, mediante una escucha introspectiva y una aceptación genuina, se puede encontrar un camino donde la colaboración y la competencia se complementen en lugar de confrontarse.