
Mérida.- Los artífices del otorgamiento del premio Nobel de la paz a la nada pacifista y sí congénita guerrerista María Corina Machado son sus titiriteros de La Casa Blanca en Estados Unidos. Desde hace algunos meses Marco Rubio, el influyente activista y renegado cubano (quien, a pesar de que su familia es cubana es un despiadado partidario del bloqueo a Cuba, que causa enorme sufrimiento a su pueblo) y actual jefe del Departamento de Estado del gobierno imperial de Donald Trump, siendo todavía senador, envió, el 26 de agosto de 2024, junto con un grupo de legisladores de su calaña, -en total, dos senadores y seis representantes- una carta al Comité Noruego del Premio Nobel proponiendo dárselo a esta política de la extrema derecha venezolana. Partes de ella decían: “María Corina Machado representa un símbolo de valentía, integridad y esperanza para América Latina.” Sus incansables esfuerzos por promover elecciones libres y justas, y por denunciar los abusos de derechos humanos bajo el régimen actual, encarnan los principios que el Premio Nobel de la Paz busca honrar”. La enviaron inmediatamente después de que terminaron las elecciones presidenciales en Venezueladonde el candidato títere de ella, Edmundo González, al que trajo de un lado a otro durante la campaña, fue derrotado. Venezuela ha sido siempre el combo de riquezas que anhela engullirse el gran capital del imperio más grande del mundo que es Estados Unidos; se ha topado, sin embargo, con un pueblo indómito que no se lo ha permitido. El país posee las mayores reservas probadas de petróleo crudo pesado del mundo y las más grandes de crudo liviano en el hemisferio occidental. En su territorio está la octava reserva de gas a nivel mundial. Tiene, además una enorme cantidad de metales como oro, plata, hierro, níquel, aluminio, mercurio, coltán –este se utiliza principalmente en la fabricación de dispositivos electrónicos como teléfonos móviles, computadoras, tablets y consolas de videojuegos, gracias a su capacidad para almacenar y liberar carga eléctrica en componentes miniaturizados-, y otros más. Sin embargo, durante muchos lustros la explotación de esas riquezas no redundó en beneficio del pueblo venezolano sino en el enriquecimiento de una pequeña oligarquía local y, particularmente, de sus socios, las empresas transnacionales estadounidenses -que se llevaban la mayor parte en el botín-, hecho que ocurrió hasta que en diciembre de 1998, un poderoso movimiento popular encabezado por el coronel Hugo Chévez Frías, irrumpió en la vida venezolana y, por la vía electoral, llegó a la presidencia del país con un programa aceptado por las mayorías. Desde entonces, la fuerza que representa se ha mantenido en el gobierno por la misma vía. Hasta 2023, incluyendo elecciones presidenciales, parlamentarias, regionales, municipales, referendos y consultas populares, en Venezuela se han efectuado 39 procesos electorales. Es falso que no haya habido vida democrática en el país. Por el contrario, hay una intensa vida participativa. Durante todo ese tiempo la oligarquía venezolana ha estado en plan golpista, particularmente cuando en 2015 sus candidatos obtuvieron la mayoría en la Asamblea Nacional. En lugar de legislar, se pusieron a tratar de destituir al titular de Poder Ejecutivo, Nicolas Maduro Moros para hacerse con este poder. Contaron para eso con la ayuda del gobierno gringo que, interviniendo descaradamente en los asuntos internos del país, rompió vínculos con Maduro y reconoció como presidente del país al bribón Juan Guaidó, presidente de esa Asamblea, al que usó para llevar a cabo una política que tenía el objetivo de arruinar la economía venezolana y confiscarle recursos que le pertenecían, depositados en bancos extranjeros. María Corina Machado es una figura inflada por la propaganda del imperio. Ha pedido innumerables veces que las fuerzas armadas de los Estados Unidos intervengan en Venezuela para reestablecer la “democracia”. A la vez que esto ha hecho, ha promovido revueltas internas sangrientas con instalación de grupos armados en las calles (guarimbas les llaman) que han cobrado la vida de muchos inocentes, cuyas muertes atribuyen luego al gobierno. Las guarimbas de la oposición de derecha han sido el mecanismo usado para sembrar la violencia en Venezuela. Son grupos que toman una calle de una zona residencial, hacen con piedras y otros materiales una barricada, y a partir de ella agreden a todo el que pasa si no se identifica como partidario suyo o tiene la apariencia de ser “chavista” por sus rasgos o indumentaria. Incluso los guarimberos has quemado vivas a personas. Una de las principales impulsoras de esta bélica forma de acceder al poder es esta señora. Con el telón de fondo de la política agresiva permanente de Estados Unidos contra Venezuela, que se manifiesta actualmente en la colocación de barcos de guerra cerca de sus costas en aguas del Caribe, queamenazan invadirla, los titiriteros de María Corina han movido sus piezas para perfilarla como el mascarón de proa de sus fuerzas armadas para una invasión a ese país con el fin de derrocar a su gobierno e instaurar un gobierno fantoche. Ninguna virtud tiene la galardonada para ostentar un premio que debiera distinguir a quien lo recibe por acciones en favor de la paz. Jamás se ha pronunciado por esta. Al contrario, todas, absolutamente todas sus declaraciones son favorables a las intervenciones armadas, sobre todo a su propio país. Un ejemplo: En 2018, en pleno apogeo de su cruzada anti-Maduro, envió una carta abierta a BenjamínNetanyahu, el genocida de Palestina, suplicándole una “intervención militar” contra el régimen venezolano: “Israel debe actuar con urgencia para apoyar la liberación de Venezuela”, le escribió al carnicero nazi-sionista. Tan sólo este botón de muestra es suficiente para saber cuál es su calaña. ¿Se equivocó el Nobel o es tan sólo un instrumento de fuerzas políticas del mundo occidental que lo usan para sus fines? No es la primera vez que el Nobel muestra el cobre. Ese premio se lo dieron a personajes como Teodoro Rooselvelt, presidente de Estados Unidos que esgrimió la política del gran garrote con que pretendía justificar sus intervenciones militares en América Latina y el Caribe; a Henry Kissinger por haber orquestado el golpe de estado chileno que acabó con la vida de Salvador Allende; a Barak Obama por desatar guerras en Siria, Libia, Yemen, etc. Un premio Nobel de la Paz enteramente devaluado que dio otro golpe contundente a su menguado prestigio.