RODRIGUEZ29112024

Soberanía y justicia social
Edilberto Cervantes

Monterrey.- Se están cumpliendo los primeros 25 años del Siglo XXI. Con conflictos bélicos en diversas partes del Mundo (Ucrania por ejemplo) y una atrocidad de exterminio en Palestina. La Organización de las Naciones Unidas y los organismos multilaterales están deshabilitados como mecanismos de concertación política. El comercio global es un caos, propiciado por los aranceles y los negocios de los Estados Unidos: se esfumó la Organización Mundial del Comercio.

Las advertencias y compromisos para atenuar los efectos del cambio climático se están dejando de lado por la influencia del inmediatismo mercantilista.

Se trata de la quiebra del modelo de globalización económica neoliberal que impulsaron los intereses norteamericanos desde los años ochenta del siglo pasado. El retorno de la industria armamentista como factor de crecimiento y la Inteligencia Artificial –como un recurso tecnológico que otorga ventajas estratégicas en casi cualquier campo–, definen ahora la correlación de fuerzas a nivel global.

La tradicional perspectiva geopolítica perfila un esquema de poder trilateral: Estados Unidos, China y Rusia. También se anticipa una mayor presencia de los BRICS, con la que estaría representado el Sur Global: con Brasil, India, Sudáfrica y algunos países árabes. Se coloca a Europa en una posición de escasa beligerancia en los asuntos mundiales.

Recientemente se dio a conocer que los BRICS desarrollarán su propia red de Internet, como un recurso para ejercer una “soberanía digital” desde la perspectiva del Sur Global. Los países BRICS buscan desafiar la dominancia de las empresas tecnológicas de Silicon Valley en el desarrollo digital y en la formulación de políticas.

Para México el entorno internacional se presenta complicado. Los mecanismos de la economía neoliberal, como el TLC, han facilitado el acceso al mercado norteamericano; todavía hace algunos meses la palabra de moda era la de “nearshoring”, ahora se quiere vender el “friendshoring”: apelando a la buena vecindad y a las relaciones de amistad México-Estados Unidos. México circunscrito a la esfera de influencia de los Estados Unidos.

Ante la incertidumbre del “mercado internacional” (para resolver los asuntos mercantiles) y el abandono del multilateralismo, (como mecanismo de concertación política), el gobierno mexicano intenta ponerse al día y ampliar sus márgenes de negociación.

El lema de la LXVI Legislatura Federal: “Soberanía y Justicia Social”, parece definir los propósitos primordiales del Gobierno Mexicano.

En cuanto a la Soberanía, atender los reclamos del gobierno de Trump para resolver asuntos en los que media la responsabilidad conjunta, aunque ésta no la reconozcan los norteamericanos, es una tarea difícil: el comercio de las drogas y la migración.

El argumento de Trump para imponer aranceles, varía de país a país; no son sólo argumentos de tipo económico: a la India le impuso aranceles del 50 por ciento argumentando que ese gobierno le está comprando gas a Rusia. Igual a Brasil, un 50 por ciento –no obstante que la cuenta corriente es deficitaria para Brasil– debido a que se está sometiendo a juicio al ex presidente Bolsonaro (un asunto judicial). Con Europa, está rechazando la imposición de gravámenes a las empresas digitales norteamericanas.

Asegurar que las grandes empresas digitales de Estados Unidos tendrán acceso a los minerales raros que requiere la manufactura de los dispositivos, parece ser un motivo central en las negociaciones de Trump con Ucrania, Rusia y China.

México tendrá que entrar al proceso de revisión del T-MEC, con la posibilidad de que Trump lo dé por cancelado. Ante esa circunstancia, habría que reorientar la producción que se exportaba con ventaja hacia Estados Unidos y buscar nuevos mercados. Impulsar el mercado interno con producción nacional que sustituya importaciones (como el caso del calzado) y una estrategia general orientada a sostener una soberanía económica. La autosuficiencia en materia de energía y alimentos es una base importante.

Los proyectos estratégicos que desarrolla el gobierno de Sheinbaum están orientados a fortalecer la actividad económica interna: producción de energía (atendiendo el cambio climático); ferrocarriles; los polos de bienestar (facilidades para proyectos productivos) con ubicaciones estratégicas (para desarrollar industrias, servicios y turismo) en municipios con viabilidad. El desarrollo de un vehículo eléctrico para uso popular. Desarrollar una industria farmacéutica. Claro que estos proyectos tardarán en madurar, pero son la única vía para que el crecimiento económico nacional esté menos determinado por las ligas comerciales con el exterior.

El otro eje en el lema de la LXVI Legislatura Federal es el de la “Justicia Social”. Después del debate sobre la efectiva reducción de la pobreza en el gobierno de AMLO, es más que relevante plantear la finalidad de los esfuerzos colectivos nacionales. Desde fines del siglo pasado la tasa de crecimiento económico ha sido baja. Con los argumentos de la productividad y de la inflación, el pago al “factor trabajo” se mantuvo reducido y la desigualdad fue creciendo (con un grupo de ingresos altos que acumula una buena parte de la renta nacional). La decisión del gobierno de AMLO de elevar los ingresos de los trabajadores es un recurso de redistribución, que podrá sostenerse, siempre y cuando los empresarios acuerden revisar a la baja sus tasas de ganancia, sin esperar a una reforma fiscal. Los déficits en los programas de educación, salud y vivienda, son un pendiente con solución, si se mejora la efectividad en la operación de los servicios. El gobierno se sostiene en su lema de “Por el Bien de Todos, Primero los Pobres”.

El debate sobre los hechos públicos en México refleja una cultura política elemental. La oposición rechaza cualquier cambio a los programas, a las instituciones o a las leyes de los gobiernos que presidió. El partido en el gobierno, por su parte, reitera que su propósito central es la transformación (o sea, el cambio). Una oposición útil en el proceso político sería la que planteara alternativas de estrategia ante los retos actuales y las socialice, de tal forma que los ciudadanos cuenten con información y criterios alternativos.

Los medios de comunicación convencionales acuden con frecuencia al formato de lo que hace décadas se denominaba “página roja”. El estilo es provocar el escándalo, con base frecuentemente en información de fuentes no oficiales. Antes la nota roja se ubicaba al final de la edición, ahora de manera cotidiana ocupa primeras planas. Claro que la inseguridad pública y los hechos delictivos son de tal magnitud y frecuencia, que no parece haber suficiente espacio para cubrirlos e informar de manera adecuada.