RODRIGUEZ29112024

Reforma electoral
Horacio Flores

Representación popular y la necesaria presencia de los plurinominales

Monterrey.- Hablar hoy de la reforma electoral es hablar de la forma en la que queremos construir la nueva democracia mexicana .

En nuestro país, los procesos electorales han estado siempre manoseados; pasamos de aquellos en los que votaban hasta los muertos, a los que violentaban las capturas, desaparecían las actas y desde el poder se operaban las estructuras electorales para orientar el comportamiento del árbitro y/o modificar los resultados.

Esa es la razón por la que la normatividad electoral está descansada en la desconfianza. Así pues, el tamaño de los órganos electorales y las “estructuras” de vigilancia son del tamaño de la desconfianza en los propios órganos, los actores y su operación. Por eso son tan obesos, costosos e inoperantes. Están construidos con una estructura no de operación electoral, en tanto instrumento para la realización de comicios, sino de una suerte de órgano policiaco electoral que termina por no hacer bien ninguna de las dos tareas.

Necesitamos reconstruir el sistema electoral mexicano, ciudadanizarlo todavía más. El órgano electoral debe ser resultado de una participación ciudadana. Basta de que sean los acuerdos entre aquellos que se consideran a sí mismos expertos, o tocados por la mano de dios, los que determinen su integración.

Se han extendido versiones sobre que este ejercicio de participación y consulta de la ciudadanía es una simulación. Desde donde yo lo veo, la presentación de iniciativas ante el Congreso es una de las atribuciones del Poder Ejecutivo, para nada está obligado a pedir opiniones. Por eso aplaudo que hoy se busque escuchar a la sociedad y sus propuestas, que según presumo esta comisión sintetizará e identificará los consensos para construir sobre ellos la propuesta de iniciativa que se presentará a la presidencia de la República.

Desde diversos medios se ha afirmado que someter a la crítica y la revisión del órgano electoral pone en riesgo su autonomía. Cuándo los órganos electorales han sido autónomos? ¿No son estos órganos electorales los que avalaron los fraudes electorales en el 2006 y el 2012? ¿No fue acaso necesario un enorme e inocultable empuje popular sin precedente, para que el 2018 y 2024 el órgano electoral haya tenido que acatar el resultado electoral sin el manoseo acostumbrado?

A la larga historia de fraudes habría que agregarle el creciente cinismo con el que estos se reconocían, no implícita o tácitamente, sino explícitamente por los presidentes. Por ejemplo, cuando Vicente Fox Quezada (el traidor a la democracia) dijo que había tenido que hacer muchas cosas para detener el avance de Andrés Manuel López Obrador; o del espurio Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa, quien dijo: haiga sido como haiga sido. No hablemos ya de los oscuros métodos que se usaron en la elección del 2012 y que también dieron origen a una presidencia sin respaldo social,sin consenso ciudadano.

La legitimidad de las autoridades guarda un directa correlación con la manera en que se eligen y por supuesto de su honesta trayectoría. En más de 40 años, los gobernantes carecieron de legitimidad, se conformaron como una nueva clase, distantes de los principios emanados de la Revolución Mexicana. Se instlaraon en la soberbia y el desprecio al pueblo. Es decir, el daño hecho a la estructura electoral es mayúsculo y no se puede mejorar remendándola, hay que transformarla totalmente.

El proceso electoral mexicano fue construido para favorecer a la otrora mayoría hegemónica y a quienes decidieron hacerse sus cómplices. En las actuales circunstancias, es necesaria su sustitución.

En este ejercicio inédito en el que se escucha a los ciudadanos y sus propuestas, me parece de la mayor importancia resaltar algunos de los aspectos que están presentes en la discusión cotidiana de muchos mexicanos: el primero, el de los organismos electorales locales. La pregunta es para qué queremos órganos locales, cuando son obesos y de duplicadas funciones. Es decir, el tamaño de la estructura debe adelgazarse y sus funciones también deben ser más acotadas. Los órganos locales deberían fusionarse con las juntas locales y adelgazar el tamaño presupuestal, lo cual sin embargo no es lo más importante; lo verdaderamente importante es el fortalecimiento de un organismo que sea capaz de atender los procesos elctorales, de consulta y participación que hoy necesitamos.

Por otro lado, está el excesivo costo que tienen las campañas electorales. Es una preocupación colectiva que en un país en el que (aunque afortunadamente millones de mexicanos empiezan a abandonar la pobreza) la pobreza no se ha abatido del todo y tenemos programas sociales que atender y necesidades prioritarias que deben alcanzar a sectores de la población que aún no alcanzan, por ejemplo, todas las personas en situación de calle. Es un insulto que teniendo semejantes necesidades, corran los ríos de dinero que circulan en todas las campañas electorales. Dinero que en más de una ocasión tiene un origen difícil de determinar, por decirlo suavemente.

Poner una frontera más verificable sobre el gasto que deben ejercer los partidos en los procesos electorales, es una necesidad impostergable. Es necesario obligar a que los partidos pongan en juego sus propuestas con la activación de su militancia, que expongan con claridad y transparencia sus ideas, para que la ciudadanía pueda conocerlas y en su caso votar por ellos. Pero con un trabajo de divulgación ideológica y promoción política.

Los partidos, entendidos como agrupaciones de corte ideológico que proponen a la sociedad una plataforma general de gobierno, para llevarlo a cabo en el ejercicio del poder, una vez que hayan obtenido la mayoría a través del sufragio popular, son entes cuyo único compromiso tendría que ser con sus principios, con sus ideas y con sus votantes. Sin embargo, se han convertido en grupos de interés que han secuestrado incluso la voluntad ciudadana y hecho del gobierno el rehén de todos los acuerdos que a trasmano sea posible hacer. Por ello los propios partidos tendrán que re-inventarse para la nueva era de la democracia mexicana. En este proceso deberán abrirse los caminos para las candidaturas independientes, que se tardaron más en aparecer que en envilecerse, echando mano de métodos cuestionables para cumplir con desproporcionados requisitos impuestos por una ley hecha para atajar el paso de los ciudadanos con intenciones de aportar.

En los más recientes debates, atención aparte merecen las representaciones populares, que es la razón primordial de esta intervención. La legitimidad de un representación popular descansa, como ya se a dicho, en el respaldo popular y este se conoce a través del sufragio. Una cosa es ser dignos y fieles representantes de su organización política, y otra la de ser representante popular. El primero debe obedecer a los planteamientos partidarios; el segundo debe vigilar que no se vulneren los derechos de las minorías y buscar que se prioricen las mayorías. El dilema al que se enfrenta una persona electa a un puesto a través del sufragio, es cuál de estas dos condiciones debe acatar. Eso lo resuelve la consulta, la vuelta permanente con sus electores.

A muchos preocupa que se haya puesto en el debate la permanencia de la figura de los plurinominales de la manera en la que hoy la conocemos. Incluso el ejercicio de pedir al pueblo su opinión. Lo que subyace en estas molestias es la desestimación de las capacidades del pueblo. “No nos conceden ni un centímetro para opinar”, decían los iluminados del poder. “Son decisiones muy importantes como para dejárselas al pueblo”; y así justificaban el dedazo. Nunca entendieron que como decía Raúl Álvarez Garín: el pueblo no es el problema, ¡es la solución!

De ahí que la vida pública deba ser cada vez más pública y se haga visible a todos los representantes populares y sus actuaciones. El pueblo evaluará y tomará las decisiones que tenga que tomar a la hora de las elecciones.

Los plurinominales surgieron en buena medida como resultado de una lucha de la izquierda mexicana. Lo que se buscaba era garantizar que todos los segmentos ideológicos que forman parte de la sociedad, tuvieran una representación dentro del congreso. Por ello la elección de estos legisladores (porque es solamente para esta figura), guarda una directa correlación con el porcentaje obtenido por la corriente de la que forman parte. Pero la represntación específica, es decir, el personaje, no necesariamente obedece a un sufragio directo, sino a una lista que proporciona la organización política, y esta designación es el resultado de los acuerdos internos en dichas organizaciones.

Los llamados plurinominales son la representación de las corrientes ideológicas que actuan en la vida política nacional. Así que no necesariamente tienen que salir de una votación universal directa. Son estas corrientes ideológicas organizadas las que escogen cuáles son sus mejores representantes. Hay a quien le preocupa que una organización política tenga un representante que le desagrada, pero es una decisión de esa organización. Para que no ocupen puestos de representación en las poderes, está el sufragio. Lo que hay que hacer es no votar por una fuerza política que hace propuestas que definitivamente no tienen aprobación por su historia, su conducta o bien sus visibles compromisos con poderes e intereses ajenos a los de la nación. Pero pensar en la desaparición definitiva de los plurinominales me parece un desacierto.

Hay un segmento que representa a sectores minoritarios de la sociedad y estos deben tener voz, merecen ser escuchados, no debemos repetir la experiencia de las prácticas totalitarias que simplemente descalificaban, descartaban, marginaban de los procesos democráticos y de decisión del país a quienes no se alineaban con el poder.

Es momento de inaugurar una nueva era en la que las minorías puedan tener voz, ser verdaderamente escuchadas y me parece que existen mecanismos que podrían perfectamente hacer coincidir ambas preocupaciones, es decir, la de garantizar que se escuche la voz a las minorías y permitir la representación de segmentos ideológicos de acuerdo a la decisión de las propias corrientes .

Mi propuesta es que la representación proporcional tenga una doble combinación, es decir, que las dos primeras fórmulas (un hombre y una mujer), que sea una lista propuesta por la organización política, y a partir de ahí, que sea el resultado del mejor perdedor en cada uno de los distritos, siempre y cuando la votación que haya obtenido el partido que los postula, sea suficiente para que pueda ocupar un escaño, ya sea en la cámara de diputados, la de senadores, o bien en los congresos locales.

Cuando hablo del mejor perdedor me refiero al segundo lugar en la votación, siempre que la distancia entre el primero y el segundo no sea de más allá del 10%, de tal suerte que la representación de las diversas fuerzas políticas seguirá estando sujeta a la presencia y aprobación del pueblo.

Actualmente existe un gran debate acerca del ejercicio de la mayoría. Hay quien incluso ha calificado como una dictadura al ejercicio de la mayoría que hoy hace una coalición de fuerzas que está al frente del poder. A nadie debería preocupar que la mayoría se ejerza, es la voluntad soberana del pueblo. El verdadero riesgo consiste en que la soberbia le gane a la actual mayoría (movimiento del que formo parte) y se aleje de los postulados que lo hicieron llegar al poder.

Entonces, es importante que el proceso de democratización por el que vamos avanzando, no solamente vea los plurinominales, el adelgazamiento de las estructuras electorales, el recorte del oneroso gasto que se hace tanto en el sostenimiento de los partidos, como en el de los órganos electorales, y el excesivo gasto que se hace en nuestra democracia, que es de las más caras del mundo. Hay que voltear a ver una mayor ciudadanización de los procesos electorales y del ejercicio del gobierno. Hoy es más que nunca necesaria la ampliación de la participación ciudadana y que los órganos que están construidos para la vigilancia y conducción de procesos electorales puedan trabajar también en la realización de sondeos, encuestas y mecanismos que garanticen la amplicaión de la participación popular en las decisiones, hasta hoy producto del acuerdo de unos cuantos. Me refiero a decisiones tan importantes como el ejercicio presupuestal y la revocación de mandato, que debe ser ya, definitivamente instalada.

Escribo estos apuntes en momentos en que el fascismo internacional se re-lanza al grito de Familia, Patria y Libertad (todo lo que le han negado al pueblo). Y que hoy alcanzan su más brutal expresión con el genocidio que se está cometiendo ante nuestros ojos en Gaza.

El fascismo se combate con más y más democracia. Como decía María Fernanda Campa Uranga: “estamos destinados a no dejar la calle, a ir de la mano del pueblo; y en todos los rincones donde se haya que luchar, daremos la batalla.

Por una Patria en la quepamos todos y una Palestina Libre.

23 de octubre de 2025.