
Puebla.- Me gustaría creer la versión de Donald Trump sobre el actual conflicto entre Israel e Irán: que, después del intercambio de misiles entre ambos países y del extraordinario bombardeo de Estados Unidos en territorio iraní, todo se arregló con un acuerdo.
Como dos estudiantes de secundaria que a la salida de la escuela se dan tres o cuatro cachetadas para terminar con un “ahí muere”, darse las manos, regresar al día siguiente a clases, como si nada hubiera pasado.
No será así de fácil. El gobierno iraní reportó 627 muertes por los ataques recientes. Una organización proderechos humanos con sede en Estados Unidos consideró esta cifra en mil 54. En Israel se han reportado 28 defunciones. A lo que hay que sumar la gran cantidad de heridos.
Estos daños no se resuelven con un cese al fuego. La pena de un familiar víctima de la violencia dicen que trasciende hasta cuatro o cinco generaciones. Los homicidios, sea cual sea la causa, son semilla y tierra fértil para el odio y el resentimiento.
Es muy probable que el odio de los iraníes hacia judíos y norteamericanos se incremente después de estos ataques. Irán no tiene capacidad militar para responder a las agresiones que recibió. Es por tanto probable que responda de otra manera: fomentando actos terroristas contra sus agresores.
Y no estará solo. Muchos sectores del mundo islámico se sentirán agredidos. Verán la presencia del Estado de Israel como una amenaza a los países de la región. Y Estados Unidos como su principal cómplice.
Nada nuevo. Una historia de odio y dolor que lleva ya décadas. Pero que muy probablemente se complique con los hechos recientes. Que se agravan con la brutalidad y la crueldad sin precedentes del Estado de Israel contra los habitantes de Gaza.
La paz de largo plazo no puede resultar del triunfo militar de un país sobre otro. Debe partir del reconocimiento mutuo a una existencia pacífica y segura.
Se le atribuye a la dirigente judía Golda Maier la frase “si pensáramos en nuestros nietos, se resolverían los problemas en Medio Oriente”. Parece que los políticos de Israel, Irán y Estados Unidos están pensando poco en sus nietos.
* Profesor de la UDLAP.