
Monterrey.- La lucha contra las guerras en el mundo, infelizmente, siempre ha estado en el origen, desarrollo y operación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), creada hace 80 años, un 24 de octubre de 1945, como respuesta a los horrores provocados por la Segunda Guerra Mundial.
El abordaje de los desafíos generados por conflictos bélicos permanentes y continuos entre naciones, ha puesto a prueba al máximo de sus capacidades a la Asamblea General de la ONU -integrada por 193 Estados miembros- para mantener la paz mundial en las últimas ochos décadas.
Mantener la paz y la seguridad internacional, precisamente, es el objetivo de la ONU desde su fundación y sus compromisos con el desarrollo social, político y económico establecidos en la Carta de las Naciones Unidas, al grado de documentar 59 conflictos nacionales armados a la fecha, once de ellos clasificados como guerras de alta intensidad, la cifra más alta desde 1946.
Según varios analistas geopolíticos, entre ellos Ignacio Ramonet, quien en el XXIX Seminario Internacional “Los Partidos Políticos y una Nueva Sociedad”, convocado por el Partido del Trabajo en Ciudad de México el pasado septiembre, expuso que los conflictos más graves son la guerra entre Rusia y Ucrania, iniciada en 2014 y escalada el 2022, así como la guerra entre Israel y Hamás/Hezbolá, que tras dos años pusieron alto al fuego por el repudio mundial al genocidio cometido contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza y al riesgo de escaladas regionales, al involucrar a Siria, Irán, Yemen y Estados Unidos.
Pero, además la Guerra Civil en Sudán, que se desató desde 2023, y años más atrás la Guerra Civil en Myanmar, así como la violencia en la región del Sahel y Sahara, por la insurgencia islámica que se extiende a países como Malí, Níger y Burkina Faso. Igualmente, los violentos enfrentamientos en Etiopía y los ataques hutíes en el Mar Rojo, que han provocado crisis de seguridad marítima y bloqueos en las cadenas de suministro global.
Los resultados de todos estos conflictos son decenas de miles de víctimas muertas, heridas y desaparecidas, así como millones de desplazados de sus hogares, en medio de terribles crisis humanitarias por hambre y racismo.
Es muy importante precisar geográficamente las convulsiones internas y externas de los países, ya que la violencia puede ser clasificada como conflictos a gran escala, o insurgencias de bajo nivel o violencia criminal de grupos organizados, como la que ocurre en México desde los gobiernos neoliberales.
Son las denominadas guerras no convencionales, o terrorismo sin rostro, ni bandera, ni territorio en el nuevo orden mundial, cuya característica es la incertidumbre para las potencias económicas, al quedar marcado el 11 de septiembre del 2001 en la agenda de la seguridad internacional.
Para definir el terrorismo se han propuesto decenas de explicaciones, sin que ninguna sea válida universalmente hasta ahora. En el ámbito académico el dilema se plantea como guerra separatista, guerrilla urbana, violencia política revolucionaria o autodefensa armada, las cuales aterrorizan a la población con atentados, asesinatos, secuestros y violentas acciones armadas.
Con motivo de la conmemoración del 80 Aniversario de la ONU, cabe señalar al propio secretario general, Antonio Gutérres, quien admitió que gran parte de los funcionarios de Naciones Unidas trabaja con secuelas visibles de guerras y guerrillas, como cicatrices, quemaduras y amputaciones.
En el compromiso de la ONU con la paz siempre ha estado México, ahora con el toque humanista de la 4T y feminista de nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en materia de política exterior y en la búsqueda de construir una sociedad más justa, igualitaria y fraterna a nivel global, donde la participación de las mujeres sea equitativa en procesos sostenibles de paz y determinante contra intervenciones que amenazan soberanía, libertad e independencia de pueblos hermanos como Venezuela y Colombia.
A pesar del veto paralizante a la ONU por parte de los Estados Unidos, como país anfitrión y mayor donante, constitucionalmente México reafirmó este año su rechazo a actos terroristas, golpes de Estado, tráfico ilegal de armas, interferencias en procesos electorales e intromisiones al territorio nacional.
La frase de Benito Pablo Juárez García, Benemérito de las Américas, “entre los individuos, como entre las naciones el respeto al derecho ajeno es la paz”, sigue siendo el principio de México para impulsar el desarrollo, los derechos humanos y la paz mundial como Estado parte de la ONU.