
Monterrey.- Escribir no es tarea fácil, implica quedarse fijo, tal vez para siempre, en un plano espacio-temporal, un papel, una piedra, una pared, un ensayo, un verso, un poema, una carta, una historia, un diario, una novela, un libro, en la vida misma.
Escribir es extrapolarse, desinhibirse, desatarse, asumirse, desdoblarse, desasirse, desestabilizarse, eximirse, desposeerse, consumirse, comprometerse, despojarse de todos los atavíos y mostrarse al mundo tal como uno es, con heridas, cicatrices, miedos, sueños, rabias, anhelos, virtudes y defectos. Escribir es desnudar el alma.
Quien escribe, amplía el horizonte de su imaginación, su fantasía o establece un contacto directo con la realidad y la describe con toda su crudeza. Para ello debe poseer un talento innato y ejercer cotidianamente el oficio de escritor.
Para escribir no hay edad, hora, ni estancia, quien lo hace lo sabe bien. Hay escritores que crean textos de manera descuidada y escasa, escriben sólo por escribir, sin ninguna lógica, ningún sentido ni un fin específico, comúnmente escriben para otros, lo que la gente quiere leer y compra ávidamente sus libros aunque sean mediocres, insulsos o panfletarios. Literatura “chatarra”, le llaman.
Mientras que otros lo hacen de manera prolija y abundante, con ciertas reglas y un propósito definido. Ellos escriben para sí mismos con inteligencia, alma y corazón, y si tienen suerte, ya habrá un sinnúmero de lectores que los comprenda.
También entre los escritores hay niveles, están los consagrados, cuya pluma y estilo literario poseen un nivel de excelencia, y si tienes la suerte de qué una editorial famosa los descubra, adquirirán para sí mismos, fama y fortuna.
Hay otros consagrados lisonjeros que llegaron a serlo por ser hábiles para moverse en la fauna literaria y fueron adquiriendo canonjías, prebendas y cotos de poder a costa de su trasero. Algunos más escriben bien, son originales auténticos y creativos, pero no son famosos, ni ricos. Otros que escriben mal, pero se saben vender, y son ricos y famosos o al menos no como ellos lo creen.
Entre todos ellos, los consagrados y los que no lo son, abundan los petulante, desleales, ególatras y soberbios, que se sienten únicos en el universo y tal vez lo sean, ja ja ja, porque no existe nadie como ellos. El colmo son los poetas noveles que también son así y creen que un buen texto literario puede escribirse en pocos minutos en el metro, en una plaza, en el camión, mientras caminan y lo peor del caso es que van y lo replican en algún micrófono abierto de índole literario.
El resto de los escritores, por lo general independientes, abortados por la mafia cultural, alejados para siempre de las mieles que no a todos otorgan las instituciones, creadas “ex profeso”, deambulan por allí, como duendes solitarios, intentando todavía aprender a escribir. También hay poetas jóvenes, así. En fin, les regalo una consigna que nos dejó como legado el buen Eligio Coronado: “¡No dejen de escribir”!