
Monterrey.- Indefectiblemente, las redes sociales creadas por la tecnología contemporánea y avaladas por la nuevas generaciones de cibernautas, quienes las utilizan de manera intensa, y muchas veces equívoca, han provocado innumerables y profundos cambios en la forma que percibimos el mundo; sin embargo, resulta deleznable que su uso se focalice, la mayoría de las veces, hacia cuestiones negativas que rayan entre lo ridículo y lo grotesco, el oprobio y la vulgaridad, la fama y el poder, la verdad y la mentira y muy, muy escasas veces hacia lo científico, educativo o académico.
Les cuento un caso raro. Una pseudo influencer latinoamericana, que no sé quién es ni me interesa saberlo, muestra orgullosa en las redes un hecho por demás extravagante. Mira que comparar su falsa cabellera con la de su perra “collie”, aduciendo que tiene la misma textura y color, ¡ah!, y la misma belleza. ¡Berro…! Como dice mi amigo de Venezuela. No sé si alguien se sienta orgulloso de eso, ¿usted sí?
¿Tan mal andamos de nuestra cabecita para publicar estas pnejadas, que además, el colmo de los colmos, a mucha gentuza le resulta fascinante y cautivador este tipo de publicaciones absurdas y situaciones estrambóticas que aparecen en las flamantes, modernas e “innovadoras” redes sociales?
La estupidez humana, en todas las latitudes, es y seguirá siendo inconmensurable…