
Monterrey.- Lo mediático es desconcertante, asombroso, atractivo, sorprendente, cautivador, insólito, sugestivo, inmensurable, mágico; pero también vulgar, alienante, indecoroso, procaz, obsceno, prosaico, falaz, perverso, ruin.
Y resulta increíblemente estratosférica la cantidad de usuarios que utilizan las llamadas redes sociales en el mundo para fines poco convencionales, en ese sentido, destaca monstruosamente el uso y abuso que se hace de la perversión sexual.
Un uso menor, también condenable, reside en la insidiosa costumbre de exhibir a los infantes como trofeos de triunfo socioeconómico, fetiches políticos, modelos de belleza o simplemente por un supuesto amor a los vástagos.
Asimismo, mostrar impúdicamente a los niños en la pantalla sin fronteras de la virtualidad, sobre todo cuando son pequeños, sin importar su condición social (aunque resulta más politraumatizante en los que tienen dinero), implica ejercer un juego barato de poder a sabiendas de poner en boga la objetualización y mercantilización de las infancias exponiéndolas a una peligrosa explotación mediática por parte de sus padres y que a la vez funciona como chantaje psicoemocional para una población inculta y altamente consumista de basura virtual, como lo es la
mayoría de los habitantes de “regiolandia”.
Bajo esta perspectiva, riqueza-pobreza, poder-sumisión, dignidad-indecencia, censura-libertinaje, son dicotomías que permiten explicar el porqué una niña regia tiene 120 pares de zapatos de los cuáles usará quizá solo una doceava parte. ¡Ah! Y un ajuar de ropa semejante, exagerado, oneroso, insultante… ¡Todo se lo han regalado!, dijo impúdicamente la madre.
El problema no es la cantidad de zapatos o un enorme clóset repleto de prendas, es el hecho de haberlo publicado como un claro signo de ostentación fifí, como una perversa y alevosa afrenta. Es lógico pensar que esta gentuza que gobierna el otrora pujante estado de Nuevo León, conoce muy bien los efectos biopsicosociales que genera esta perversión virtual mediática en los habitantes de “neolandia”, como algunos le nombran, una sociedad totalmente enajenada por los modernos “mass media”. ¡Pobres criaturas condenadas a no sé qué en el futuro!