
Mérida.- La oposición de derecha en su conjunto –integrada por partidos al servicio de políticos corruptos, empresarios saqueadores, periódicos que mienten contumazmente, periodistas que viven del chayote, etc., etc.– no deja de hacer ruido para denigrar a los gobiernos de la 4T y encaramarse en la aceptación del pueblo –algo casi imposible porque este los conoce bien– y sabe que representan los intereses de quienes tenían amarrada a su favor a la justicia para no pagar impuestos; robarse el dinero del erario impunemente; o escriturarse tierras o territorios urbanos sin escrúpulo alguno.
Su estrategia es afirmar que los gobiernos de la 4T son iguales a los del Prian; que usan las mismas tácticas para controlar al pueblo, como el acarreo a sus actos y el “cebo” de los programas sociales. Quieren meternos en la cabeza que durante el gobierno de AMLO se gestó una gran corrupción de la cual este y su familia fueron los principales beneficiarios. No tienen la más mínima prueba de sus afirmaciones pero no les importa, porque carecen de escrúpulos y están desesperados pues sus mentiras no pegan.
Hacen como que no existió el hecho de que tanto López Obrador como Claudia Sheinbaum fueron electos por una abrumadora mayoría, tanta, que no hubo lugar a dudas de la participación masiva del pueblo en su llegada al poder, a diferencia de las elecciones que organizaban los gobiernos del PRI o el PAN en que el fraude electoral estaba garantizado desde el gobierno con el trasiego de recursos públicos del erario a sus partidos.
A diferencia de las elecciones que se hacían antes de 2018 para elegir presidente, en las que la característica era el fraude, en las dos hechas en que ha participado el partido fundado por López Obrador en coalición con dos aliados, la abundancia de votos en favor de esta opción ha sido de cuantía tal que no ha quedado en la sociedad la más mínima duda de que nos gobierna una corriente política que cuenta con el apoyo de la inmensa mayoría de los ciudadanos, por lo que pregonar que vivimos en una dictadura es mentir descaradamente pensando que el pueblo es idiota.
En el Congreso de la Unión las fuerzas de la derecha son una minoría que es tan exigua que ni juntándose todos los partidos que la representan -PAN, PRI y MC- pueden alcanzar la minoría necesaria de dos tercios en cada cámara, para impedir que sean aprobadas las reformas constitucionales que la Cuarta Transformación, en aras de cumplir con el programa que ofreció al pueblo, y este aceptó al votar por sus candidatos, está sacando adelante, ante gritos y sombrerazos de sus bandas de gritones.
Es por eso, verdaderamente ridículo que sus defensores en los medios, escritos y hablados, digan que lo que está aprobando esta aplastante mayoría atenta contra los intereses del pueblo, pues, viéndolo bien, es el pueblo mismo, a través de su representación democrática -en el órgano autorizado por nuestra Constitución para ello- quien lo está haciendo.
Por ejemplo, Carlos Menéndez Losa, el junior que dirige el Diario de Yucatán, vocero recalcitrante de la derecha yucateca, no se ha medido al afirmar, en su último editorial, el del domingo 5, que: “El séptimo año del obradorato concluye con un fortalecimiento del presidencialismo autoritario”, acompañado de “una preocupante erosión de contrapesos y un discurso que minimiza los problemas nacionales”, derivado dice, “del debilitamiento de frenos que garantizan pluralidad y rendición de cuentas”.
¿Cuáles son los “contrapesos” que propone, habida cuenta que los únicos que la ley autoriza son los derivados de nuestra propia Carta Magna? Obviamente, los metaconstitucionales, aquellos que existieron en la larga etapa del PRI desde que se fundó, mismos que no desaparecieron cuando empezó a compartir cama con el PAN, durante la larga noche neoliberal. Durante esta, las cámaras empresariales, los multimillonarios con sus grupos de presión, los periódicos a su servicio eran esos “frenos” que metían al aro a los gobiernos cuando se querían salir un ápice de él.
El señor Menéndez respira por la herida cuando escribe: “Con la complicidad —y muchas veces el miedo— de políticos, empresarios, comunicadores y miles de ciudadanos beneficiados por la improductividad clientelista, el autoritarismo avanza con prisa en todo México, incluido Yucatán. Se alimenta de una red de complicidades que, a cambio de dádivas, privilegios o impunidad, sostiene la regresión democrática morenista”.
No ofrece un solo ejemplo de su afirmación más que lo que su calenturiento magín especula: no dice quiénes son esos empresarios, a los que ataca por no ser del grupo de los atracadores que no quieren pagar impuestos –y sí que se les siga permitiendo apoderarse de las riquezas del país–, ni quiénes son los pocos comunicadores que no pertenecen a las mafias de la comunicación dedicadas a llenar de lodo diariamente a personajes del gobierno o el partido mayoritario; tampoco se atreve a decir de plano que odia, como su querido PAN, los programas sociales, por eso llama “ciudadanos beneficiados por la improductividad clientelista” a quienes los reciben.
El señor Menéndez da entrada en su periódico a toda clase de mentiras e infundios que tienen como propósito deslegitimar al gobierno de la 4T. Si uno revisa sus páginas comprobará que cualquier chisme que enlode a algún político de esta corriente es retomado y publicado como hecho comprobado. Su caricaturista, siguiendo la línea de sus jefes, deforma diariamente, de manera grotesca, la silueta de Claudia Sheinbaum atribuyéndole intenciones y declaraciones que tienen como fin denigrarla.
Lo que más risa da es que después de todo el culebrón que lanzó desde su púlpito hebdomadario -de predicador de la derecha más recalcitrante- para tratar de revertir el proceso de debilitamiento rápido de su corriente, haya rematado con esta perla: “Un número creciente de mexicanos tiene conciencia de cómo el régimen ha mentido descaradamente, con cinismo y desfachatez, para sostener ese débil respaldo popular de un supuesto 73%”.
Ahora sí que la regó: ¿“Débil respaldo” el que muestra una encuesta de 73 por ciento de la población a la presidenta? Esta manera de razonar es propia de alguien que no ve que su barco se fue a pique, aunque el agua ya le haya llegado al cuello.