RODRIGUEZ29112024

Impacto profundo: cine, ciencia y reflexión
José Ángel Pérez

Monterrey.- Hoy, más que nunca, vivimos rodeados de pantallas. Niñas, niños y jóvenes pasan horas frente al cine, la televisión o Internet, donde la imagen —rápida, colorida y emocionante— domina la manera en que interpretan el mundo. Y es que el cine tiene un poder extraordinario: combina imagen, sonido, música, actuación y efectos especiales para envolvernos en atmósferas que pueden ser tan fascinantes… como engañosas.

Pero para nosotros, docentes, el cine es una mina de oro. No solo entretiene: también es una herramienta potente para diseñar ambientes de aprendizaje que despierten pensamiento crítico, cuestionamiento y reflexión científica (Pérez-Gómez, 2012; Buckingham, 2003). El problema es que muchas películas difunden ideas erróneas sobre cómo funciona realmente la naturaleza. Ahí entra la escuela: el maestro puede ayudar al alumnado a distinguir entre ciencia y espectáculo, desmontar errores, investigar y reconstruir explicaciones más rigurosas (Driver et al., 1994; Pozo & Gómez Crespo, 1998).

Vamos a un ejemplo que da mucho de qué hablar.

Un cometa y muchas imprecisiones
En 1998 se estrenó Deep Impact (Impacto Profundo), dirigida por Mimi Leder y protagonizada nada menos que por Morgan Freeman, Téa Leoni, Robert Duvall y Elijah Wood. La película arranca emocionantemente en el observatorio de Kitt Peak, en Tucson, Arizona, donde un estudiante descubre un nuevo cuerpo celeste. El doctor Wolf confirma lo peor: es un cometa que chocará con la Tierra en dos años.

Estados Unidos y Rusia lanzan entonces la misión “El Mesías” para desviarlo o destruirlo. Según la trama, las señales enviadas por la nave tardan 20 segundos en llegar a la Tierra. Eso implica que el cometa estaría a ¡seis millones de kilómetros! Aproximadamente 15 veces la distancia Tierra–Luna.

Hasta aquí todo va bien… más o menos.

La gravedad según Hollywood
En una escena, tres astronautas descienden al cometa y caminan (bueno, saltan) sobre su superficie como si estuvieran paseando por Chapultepec. Problema: eso viola sin pudor las leyes de Newton.

El cometa, según la película, tiene una masa de 500 billones de kilogramos, unos diez mil millones de veces menos que la Tierra. Con esa masa, su gravedad sería aproximadamente mil veces menor.

La ley de gravitación universal nos dice:

g=Gm/d^2

Si tomamos d=6,000,000" y m " como establece la película, una persona que cae verticalmente hacia abajo desde un metro tardaría…

¡más de 44 segundos!

Hollywood quiso emoción, no realismo. Pero para la física, esta escena es un monumento a la fantasía.

Errores de conversión… y de energía

Otro detalle curioso: el cometa viaja a “26 millas por segundo”, que el doblaje convierte en 42 km/s. Si usaron la milla náutica (1.852 km), deberían haber dicho 48 km/s; si usaron la milla terrestre (1.609 km), entonces sí: 42 km/s. El problema es que la película mezcla conceptos sin cuidado.

A esa velocidad, la energía cinética del cometa sería del orden de

4.4×10^23 " J"

equivalentes a unos 100 millones de megatones.

La tripulación intenta destruirlo con cinco bombitas nucleares de apenas 5 megatones cada una. Es como pretender frenar un tren bala arrojándole confeti.

De la pantalla al aula
Pero no nos lamentemos. Películas como Impacto Profundo son oportunidades maravillosas para trabajar pensamiento crítico. La idea no es “alejar el filme del aula de ciencias”, sino aprovechar su espectacularidad para contrastar ficción y ciencia, fomentar la curiosidad y abrir espacios de análisis (Harlen, 2010; Bruner, 1960).

La escuela no puede competir con los efectos especiales, pero sí puede aprovecharlos para enseñar cómo funciona el universo. Cuando el alumnado descubre que detrás de cada explosión, salto o persecución hay leyes físicas reales, su mirada cambia. Y ahí, justamente ahí, empieza el aprendizaje científico.

En nuestras manos está convertir el cine en un telescopio: uno que no solo permite mirar más allá de la pantalla, sino también entender la ciencia que la hace posible.