RODRIGUEZ29112024

Emerge Pemex con fuerza
Filiberto Pinelo Sansores

Mérida.- El martes 5 de agosto, la plana mayor del área de Pemex, integrada por Edgar Amador, secretario de Hacienda y Crédito Público; Luz Elena González, secretaria de Energía; Víctor Rodríguez Padilla, director general de Petróleos Mexicanos; Bertha Gómez, subsecretaria de Egresos de la Secretaría de Hacienda; Jorge Mendoza, director de Banobras; Rodrigo Mariscal, titular de la Unidad de Planeación Económica de la Secretaría de Hacienda; María del Carmen Bonilla, titular de la Unidad de Crédito Público y Asuntos Internacionales de la Secretaría de Hacienda; Gabriel Cadena, director de Comercialización de Pemex, y Juan Carlos Carpio, director de Finanzas de Pemex, informó a la nación del trabajo que está realizando para sacar adelante a la paraestatal, casi destruida por los vendepatrias que antes gobernaron.

Mientras en todos los países que tienen petróleo, el energético es un valioso factor de riqueza que ha hecho inmensamente ricas a las empresas que lo explotan, independientemente de si son privadas o públicas -y en ocasiones, a los países donde se ubican-, en México, por el contrario, los gobiernos priistas y panistas, se las ingeniaron para arruinarla.

Uno de los aspectos más notorios de esa destrucción es que, no obstante tocar, a esos gobernantes del robo en despoblado, una época de vacas gordas en materia de precios petroleros -pues durante sus reinados el crudo alcanzó en el mercado internacional valores estratosféricos y el aumento de la producción se elevó exponencialmente en México- la empresa más importante del Estado mexicano, pasó de tener una deuda de 43 mil 300 millones de dólares en 2008 a otra de 105 mil 800 millones en 2018. Así, en una década la petrolera incrementó su deuda en casi ¡130 por ciento!

No obstante esto, precios altísimos de más de 100 dólares el barril y exportación desenfrenada, es en esta etapa cuando la empresa más se deterioró. Eso implica, que en los años ‘25 y ‘26 va a tener vencimientos muy importantes de esta deuda que van a requerir un esfuerzo enorme para pagarlos. Por principio de cuentas, la 4T ha hecho la hazaña de reducir la deuda que recibió en 2018 en 16 por ciento, al cierre de 2025, y planea reducirla hasta situarla -en 2030- en 26 por ciento menos que lo recibido.

Esto, por una parte, pero por otra es un hecho que no basta con prevenir el corto plazo. Hay que planear hacia el futuro. Por eso, los expositores presentaron en el evento, a grandes rasgos, los pormenores de lo que llamaron “Estrategia Integral para los próximos 10 años de Pemex”.

Esta consiste en que, atendido el problema de corto plazo de los vencimientos que lo ahogan, Pemex esté siendo dotado de una posición financiera de liquidez muy sólida, para que, a partir de 2027, financie su gasto operativo, a la vez que continúe con el proceso de su fortalecimiento.

Cínicamente, Enrique Peña Nieto declaró en célebre ocasión: “La gallina de los huevo de oro se nos fue secando, se nos fue acabando”, para justificar el saqueo a Pemex que condujo a la política de los “gasolinazos”, iniciada con Calderón, consistente, al principio, en elevar el precio de las gasolinas, invariablemente, entre 9 y 11 centavos por litro cada mes, y llevada a su máxima expresión por el mismo Peña quien -a la par de su declaración- aumentó el de la Magna 20 por ciento de golpe y, luego, todos los días, en diversos porcentajes, hasta el fin de su mandato. Sumados sus sexenios, Calderón y Peña, llevaron este precio de $ 6.74 a $ 19.50 por litro, ¡189 por ciento!

No obstante, además, se le impuso a Pemex una carga fiscal que lo despojaba de la mayor parte de sus ingresos, como no se hace con ninguna empresa del sector privado, del tamaño que sea pues se le quitaba el 65 por ciento de sus ingresos para impuestos, que servía con esos gobiernos, no para obras o programas sociales sino para alimentar los sueldazos, altos privilegios monetarios y el saqueo que practicaba la burocracia dorada.

Esta carga fiscal ha sido reducida ahora a un poco más de la mitad de lo que le quitaban: consiste en el 30 por ciento del Derecho Petrolero del Bienestar y 12 por ciento por la explotación de gas natural no asociado, que es el que no se extrae con el petróleo, sino de manera aparte.

Eso ha contribuido a una mejora muy importante de la posición de liquidez y a la fortaleza financiera, de corto y de mediano plazo de la empresa.

El propósito es, como se ha dicho, que a partir de 2027, Pemex se rasque con sus uñas y no requiera seguir dependiendo de los apoyos del gobierno para pagar sus cuentas y para capitalizarse. Lo hará con sus propios recursos. Se frustraron las ansias de sus enemigos históricos que creyeron que ahora sí habrían logrado su cometido de hacerla desaparecer como empresa de todos para convertirla en empresa de unos cuantos, los barones del dinero.

La modificación constitucional del año pasado y todas las leyes secundarias y reglamentos, que vinieron después, le han devuelto su carácter de empresa pública, al servicio de México. No sólo: la reforma es fundacional, permitió a Pemex reintegrarse vertical y horizontalmente, terminando con las trabas que le impedían operar con mayor eficiencia.

La empresa había sido “organizada” no para servir sino para facilitar el robo a sus expoliadores. Al iniciarse el gobierno de Amlo la paraestatal estaba dividida en 95 empresas subsidiarias que constituían un laberinto que servían al propósito de que todos quienes eran parte de ella pudieran meter en sus generosas arcas.

Ahora sólo tiene 3 divisiones: Pemex Exploración y Producción, Pemex Transformación Industrial y Pemex Logística.

Eso sí, los mexicanos tenemos, ahora, la obligación de honrar la memoria del insigne gobernante mexicano del siglo pasado, Lázaro Cárdenas -quien no quitó el petróleo a las transnacionales para devolverlo, a los pocos años, por gobiernos apátridas y traidores, como los del Prian, a los mismos u otros oligarcas que lo detentaban- impidiendo que regresen a gobernar los que tal cosa hicieron, pues, qué duda cabe, lo volverían a hacer.