
Monterrey.- El tema del cambio social ha sido considerado como la “piedra de toque” de la sociología (1), entre otras razones porque una teoría que trata de explicar la sociedad adquiere el compromiso de abordar los asuntos más complejos y problemáticos que se presenten en el objeto de estudio y no solo los temas regulares tratados comúnmente. Las tendencias de las sociedades hacia el progreso, el bienestar, la democratización, la modernización, el desarrollo, la igualdad, la industrialización, la tecnología y la evolución, entre las mayormente mencionadas, se ven ahora cuestionadas por acontecimientos que irrumpen en las secuencias esperadas. Guerras, conflictos, delincuencia, terrorismo, aranceles, tráfico de drogas, migraciones y cambio climático han trastornado el contexto social como hechos caóticos o catastróficos, los cuales inducen a pensar que las sociedades no siguen una misma línea de progreso, desarrollo, o de cualquier forma de cambio, sino que alternativamente, cada sociedad tendría situaciones propias, tanto a nivel nacional como local, no necesariamente continuas ni siguiendo alguna línea determinada.
Consecuentemente, si no hay patrones de cambio generalizables a todas las sociedades y ni siquiera uniformes en una misma sociedad, entonces las posibilidades teóricas se deben reorientar, posiblemente hacia el estudio de sociedades específicas en sus dinámicas de cambio. Por otro lado, ya no desde la teoría sino de las acciones de los individuos, se abre un replanteamiento en cuanto a sus posibilidades para decidir lo que se pretende hacer, aunque los efectos y consecuencias no sean las buscadas.
El cambio social es evidente, basta con comparar una misma sociedad consigo misma a través del tiempo para reconocer que ha experimentado cambios en uno, varios o en todos sus componentes; igual resultado obtenemos si comparamos sociedades unas con otras, lo cual nos conduce a valorar la idea de que el cambio es inherente a la sociedad. Podemos percatarnos del cambio reflexionando acerca de sus causas y consecuencias, describiendo sus características, haciendo comparaciones, tratando de analizarlo, o simplemente vivirlo como algo cotidiano y tratar de ajustarnos a las nuevas circunstancias, pero por más cotidiano que nos parezca el cambio se presentan varias situaciones problemáticas emergentes reclamando la atención de los involucrados.
En primer lugar, partimos de la idea establecida y aceptada de la sociedad cambiante, lo cual siempre ha sido una característica de la sociedad, pero a diferencia de otras épocas, lo que sorprende en nuestro tiempo es la continuidad y, sobre todo, la aceleración de los cambios, involucrando además casi a todos los aspectos de la vida social.
Los antecedentes de la idea de cambio social acelerado se ubican en los orígenes de la modernidad, sugiriendo una implicación mutua entre ambos conceptos. Esta idea acerca del origen de la aceleración del cambio a partir de la modernidad fue desarrollada por el historiador, filósofo y sociólogo alemán Reinhart Koselleck (2), quien identifica en la modernidad la época en la cual se establece la noción de contemporaneidad, aludiendo a la tendencia del pensamiento social hacia la perspectiva de que el “pasado” tiene influencia en las situaciones presentes y, sobre todo, que lo que hacemos en el presente es, de alguna manera, la proconstrucción del “futuro”. De acuerdo con esta argumentación, no puede haber, en sentido estricto, un pasado o un futuro en el análisis del cambio social, sino una contemporaneidad, de tal modo que el cambio social adquiere sentido reinterpretando lo pasado y lo futuro en un presente. El cambio o los cambios se conciben en el presente, retomando el pasado y pretendiendo delinear el futuro. El renombrado autor Manuel Castells (3) apuntaba ya para el año de 2001, haciendo referencia a Internet que: “no es futuro. Es presente” y ya desde ese entonces se podía decir que delineaba una nueva sociedad. El futuro, entonces ya era contemporáneo. Esta afirmación se corresponde, de algún modo a la tesis del futuro pasado de Koselleck.
Los cambios acelerados de la contemporaneidad surgida en la modernidad toman como promotores a los individuos, como agentes activos, dejando atrás las posturas deterministas que esperarían el fin del mundo, el juicio final o el fin de los tiempos. En la modernidad no se espera a que ocurran los cambios, sino que se tienen que promover o buscar por parte de los interesados, debido precisamente a que se han visualizado como futuro. Como se puede apreciar, la promoción del cambio social conduce la búsqueda de una situación futura proyectada por ideologías de diversa índole y muchas veces en disputa con otras ideologías. El componente ideológico está presente desde la propia concepción, debido a que el cambio es asociado con ideas como progreso, evolución, modernización, además de otras más específicas como igualdad, democracia, socialismo y algunas otras, pero aún y cuando se prestablezca el futuro buscado con el cambio, no se pueden cubrir todos los alcances que abarcará el cambio.
Es muy difícil que los cambios promovidos y el futuro idealizado se conjunten y se vuelvan realidad para una sociedad, y es aún más difícil aún, pensar en que los cambios alcanzados se lleguen a consolidar en una situación estable y perduren por un tiempo prolongado. El punto de partida aceptado es que la sociedad cambia continuamente, por lo que no podría esperarse la estabilidad perdurable, sino más bien la continuidad del cambio. Desde luego que los ideólogos y promotores del cambio pasado se esforzarían en ofrecer explicaciones a los problemas no previstos y tratarían de justificar las situaciones no deseadas cuando se promovía el cambio, pero casi irremediablemente el cambio se presenta. El problema social, no es precisamente la sucesión de cambios, sino la manera cómo se promueven, se planean, se asimilan y se preparan nuevos cambios. También se considera como problema la contraparte del cambio, es decir las reacciones, rechazos y en general la forma como se pretende frenar los cambios.
En un primer análisis podríamos tratar de localizar las causas que motivan el cambio, cayendo en la tentación de adjudicar al incumplimiento o a la imposibilidad de alcanzar los ideales que lo motivaron como causas de la búsqueda de un nuevo cambio. No hay que perder de vista que el cambio tiende a convertirse en estabilidad perdurable, convirtiendo sus ideales en ideología. Por cercano o lejano que se ubiquen los ideales y la realidad, se mantiene una distancia entre ambas, lo cual evidentemente es una motivación para “corregir” las desviaciones del cambio. Sin embargo, el cambio corrector no pretende ser radical, sino confirmatorio de estabilidad.
La explicación de las razones del cambio requiere de un análisis más profundo, para lo cual el libro editado por Hans Haferkamp y Neil J. Smelser Social Change and Modernity (4) resulta muy ilustrativo. Las reflexiones acerca del cambio social, de acuerdo con estos autores, se intensifica en la época de la Revolución Industrial debido a la magnitud de las transformaciones que se estaban presentado gracias a la industria, pero por más variadas que fueran las elaboraciones teóricas explicativas del cambio, consideran que una teoría acerca del cambio debe contener por lo menos tres elementos: las determinantes estructurales, como los cambios poblacionales, guerras, conflictos, etc. El segundo elemento se constituye por los mecanismos de cambio, tanto los establecidos como los emergentes; y como tercer elemento se menciona la dirección del cambio social el cual incluye los efectos buscados, así como aquellos no previstos. Los tres elementos se relacionan entre sí y actúan en conexión, pudiendo modificar la intención de los cambios buscados, además podríamos incluir entre estos elementos, el de la situación ambiental, por los grandes desafíos que representa.
La importancia de estos elementos de análisis es relevante, pero como todo intento de sistematización, puede caer en la simplificación pues es de esperarse que queden fuera elementos igualmente importantes para una sociedad como, por ejemplo, sus antecedentes e historia particulares, los cuales se mezclan, tanto en sus mecanismos como en las consecuencias.
El estudio del cambio social, como se ha expuesto es parte de la sociedad, no puede decirse que ocurra siguiendo modelos o líneas preestablecidas, además de traer consigo consecuencias previstas y no previstas, pero lo que resulta más atractivo del estudio sociológico es que es la propia sociedad, a través de sus individuos o colectividades, la responsable de los propios cambios y sus consecuencias, lo cual le otorga la calidad de piedra de toque, por su posibilidad de explicación.
(1) La expresión “piedra de toque” de la sociología se encuentra en el libro de los autores Gunter Wiswede y Thomas Kutsch, publicado en 1978, Sozialer Wandel (Social Change). Darmstadt, Germany: Wissenschaftliche Buchgesellschaft. En este artículo se tomó la referencia del artículo The Sociological Study of Social Change: 1996 de Maureen T. Hallinan publicado en la revista American Sociological Review, Vol. 62, No. 1 (Feb., 1997), 1-11, en el cual se cita la publicación de Wiswede y Kutsch.
(2) Historiador y filósofo de origen alemán (1923-2006) autor, entre otros libros, de Futuro Pasado, Para una Semántica de los Tiempos Históricos, publicado, en la versión de idioma español, en Editorial Paidós en 1993, del original alemán de 1979.
(3) Sociólogo originario de España, nació en 1942. Es uno de los autores de Ciencias Sociales más difundidos, sobre todo en sus libros referentes a la Era de la Información y la Sociedad Red. La cita que se menciona en este escrito está tomada del artículo Internet y la Sociedad Red, No es simplemente Tecnología publicado en la Revista mexicana Etcétera, en su número correspondiente a mayo de 2001.
(4) Este libro fue publicado por University of California Press, Berkeley, 1992.