
Monterrey.- La irrupción de la Inteligencia Artificial -como tecnología con aplicaciones múltiples y cuyos límites aún no se determinan- plantea, entre otros temas, la transformación de los procesos productivos y por consecuencia los perfiles del empleo. Aún y cuando la incorporación de la IA en los procesos productivos se está operando en las economías avanzadas (en China sobre todo y los Estados Unidos) para países como México y la América Latina su aprovechamiento representa un importante reto. Hace diez años, el Foro Económico de Davos anticipó la que denominó “Cuarta Revolución Industrial”. Se trataba de la incorporación de las tecnologías digitales en los procesos productivos; por lo que se requerirían nuevas habilidades en la fuerza de trabajo. Desaparecerían cierto tipo de empleos y se crearían otros. Ahora, la Inteligencia Artificial plantea de nueva cuenta la necesidad de modificar el perfil de los recursos humanos que se están formando en el sistema educativo. Desde una perspectiva economicista, la solución es la formación en “oficios técnicos”, como: electricistas, técnicos en frío, mecánicos, mantenimiento industrial, soldadores; esto es, tareas de difícil automatización. Se recomienda el diseño de (mini) certificaciones, como un recurso académico que ampare habilidades técnicas, como las digitales. La formación de técnicos con ese perfil,en el caso de México, se plantea como una función de las instituciones de Educación Media Superior Técnica: Conalep, Cecyte. Sin embargo, ese perfil no sería una opción en la educación superior. Las competencias que se están planteando en las universidades de los países desarrollados son las relacionadas con: liderazgo, innovación, pensamiento crítico, pensamiento creativo, comunicación e interacción efectivas, independientemente del programa profesional de estudios. En el mundo del trabajo, la solución de problemas complejos es más relevante que los grados académicos. Sin embargo, como lo reconoce Thomas Piketty, en tales universidades el perfil de los alumnos va asociado a la formación de una mentalidad mercantil. La formación de “recursos humanos” responde a un estrecho sentido mercantilista; se deja de lado el compromiso social y la responsabilidad comunitaria. Además de “certificar competencias”, la educación debiera formar capacidades críticas con sentido social. Sí, se requiere una economía que genere empleo digno y salario remunerador, pero también la formación de seres humanos con una ética y sentido solidarios. Se trata de que el estudiante no sólo piense en un empleo bien remunerado, sino que aspire a vivir en una sociedad de libertades; con respeto a la diversidad, el cuidado de la familia y la proyección social de la mujer, en un entorno e instituciones políticas de una democracia participativa. En una sociedad como la mexicana, la visión de futuro no debiera ser la del mercantilismo excluyente e individualista. Lo deseable es que la educación no se defina sólo en relación con el mercado de trabajo, sino que contribuya a conformar una mentalidad igualitaria: un estilo de desarrollo sustentado en un régimen de derechos, con acceso a servicios públicos de salud, educación, vivienda digna, bienes culturales de calidad (dejar de lado el show business como código y forma de vida) y una sana alimentación: en suma, una vida digna y de calidad. La quiebra del modelo de la globalización neoliberal está abriendo la oportunidad histórica para la búsqueda de mejores opciones de desarrollo. La social democracia orientada a una economía del bienestar es una opción atractiva y viable. Para los mexicanos, que desde el siglo XIX hemos tenido de vecino al país con la economía más fuerte, el rumbo del gobierno autocrático de Trump plantea altos riesgos y nuevos desafíos. Ante la tensión internacional se abren las posibilidades de un mundo multipolar. Para México, el ejercicio pleno de nuestra soberanía implica la formación de seres humanos integrales; el desarrollo de capacidad científica y tecnológica para una gestión racional de los recursos minerales y naturales en general y el manejo de las tecnologías digitales y fortalecer la cultura de la solidaridad entre los grupos sociales.