
Monterrey.- La guerra que desde hace años libran Rusia y Ucrania y las atrocidades cometidas en Israel por la organización Hamas y el Gobierno Israelí, se quedaron como en suspenso al decidir el Presidente Trump, asociado con Israel, lanzar un ataque contra Irán, para destruir las instalaciones de desarrollo nuclear de ese país.
Con su acción “guerrera” (un bombardeo aéreo), Trump buscó eliminar toda posibilidad de que Irán construya a corto plazo una bomba atómica. Las informaciones que se han divulgado no confirman que Irán estuviera a punto de fabricar la bomba, ni que las instalaciones y el combustible nuclear hayan sido inhabilitados. Las acciones bélicas entre Israel e Irán parecen haberse suspendido con un acuerdo de “alto al fuego”.
Mientras Trump reclamaba para sí la distinción de recibir el Premio Nobel de la Paz, por su intervención en Irán, se celebró en Europa una reunión de la OTAN. Esta organización, que agrupa a Estados Unidos, Canadá y a la mayor parte de los países de Europa Occidental, se conformó al final de la Segunda Guerra Mundial, como un mecanismo de defensa militar anti Unión Soviética.
El principal acuerdo que se tomó en la reunión de la OTAN, propuesto o más bien exigido por Trump, fue el de incrementar las aportaciones financieras de los miembros a los gastos de la Organización. Trump ha señalado que son los Estados Unidos los que cargan con el mayor porcentaje del gasto de la misma y que eso no es justo. La Unión Europea firmó el acuerdo, expresando así la voluntad colectiva de los países europeos. Sólo el gobierno español manifestó no estar en condiciones de cumplir con el incremento en las aportaciones; pero firmó el compromiso de la Unión.
No se trata sólo de un acuerdo financiero, es la aceptación de incrementar el gasto en acciones con fines bélicos. Esto es: más dinero para financiar la guerra. La posición del gobierno de Alemania fue muy clara; anunció su decisión de invertir en la “Industria de la Defensa”, como el camino para recuperar el crecimiento de su economía. En esa apuesta por la industria de guerra también participa Inglaterra: anunció que fabricarán equipo aéreo para transportar ojivas nucleares. Francia también se alineó con esa estrategia.
En lugar de buscar el crecimiento económico a través de producir bienes y satisfactores para la población, la opción es el capitalismo de guerra (como lo denominó Abraham Nuncio). Se opta por desarrollar capacidad destructiva.
En estas condiciones, la decisión de los países europeos de sustentar su recuperación económica en la “Industria de la Defensa” parece ratificar una histórica proclividad a la guerra. Los países europeos tienen siglos haciendo la guerra entre ellos; también salieron a colonizar a sangre y fuego a los países del Sur y las dos Guerras Mundiales del siglo XX, con la muerte de millones de europeos. Parecía que lo europeos habían aprendido la lección con una experiencia suficientemente traumática.
La integración de la Comunidad Europea, en la segunda mitad del siglo XX, se planteó como un camino hacia una convivencia pacífica. Ahora la decisión de producir armas y equipo bélico sería inaceptable que fuera para combatir entre ellos; en todo caso, tendría que ser para venta a los países fuera de Europa. Algunas de las empresas alemanas que contribuyeron a la Industria de Defensa cuando Hitler aún perviven.
Ante esa estrategia hay que señalar que las modalidades bélicas que se están observando en los conflictos en el Medio Oriente y en Ucrania, se sustentan en misiles y drones. Ya no es la ocupación territorial sustentada en el ejército.
La nueva forma de hacer la guerra se basa en una utilización intensiva de las tecnologías digitales y de la denominada Inteligencia Artificial. En los Estados Unidos se visualiza una estrecha asociación entre el Silicon Valley y el “viejo complejo militar-industrial” de los Estados Unidos: se prevé dar apoyo a la CIA; desarrollar un sistema de inteligencia de campo de batalla; perfilar un nodo de acceso a objetivos de inteligencia táctica. Por otro lado, se plantea la construcción de buques de guerra automatizados. La opción ahora es la guerra cibernética. En un momento los satélites de Musk fueron considerados como recurso en la guerra de Rusia-Ucrania.
Los países europeos no disponen de la tecnología digital más avanzada; así que de entrada no tienen una ventaja comparativa con la industria de defensa de los Estados Unidos. El desarrollo de las tecnologías digitales reclama cuantiosas inversiones. Una posibilidad es que los europeos se dediquen a hacer tareas de maquila para los norteamericanos. Se trata de un camino en el que no parecen tener ventaja.
El capitalismo de guerra se encamina a consolidar los imperios digitales.
Todas las grandes empresas digitales—Facebook, Google, Apple, Amazon, Microsoft, Sony, Samsung— tienen equipos completos dedicados a desarrollar aplicaciones de la tecnología digital. Son los dueños de estas empresas quienes estuvieron acompañando a Trump en su toma de protesta, que hicieron donativos para los festejos y que se mantienen muy cerca del Presidente.
La quiebra de la globalización neoliberal no sólo tomó por sorpresa a los Estados Unidos, ahora se evidencian las debilidades europeas.