RODRIGUEZ29112024

De Carl Sagan a la NEM
José Ángel Pérez

Cuando la ciencia dejó de ser receta y volvió a ser aventura

Monterrey.- En su célebre obra El mundo y sus demonios, Carl Sagan (1996) dejó caer una frase que es casi un meteorito de lucidez: “La ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos, es una manera de pensar”. Y vaya que lo es. La ciencia, bien entendida, se parece más a un gimnasio mental que a la lista del súper. Sin embargo, la vieja escuela se empeñó en reducirla a un recetario rígido donde lo importante era memorizar, no comprender. Era como pretender aprender a cocinar leyendo el menú sin probar jamás la comida.

En ciencias y matemáticas, nada surge por arte de magia. Cada fórmula, cada modelo y cada teoría es fruto de un proceso histórico lleno de tropiezos, debates y genialidades. La humanidad ha buscado respuestas desde la magia y la religión hasta la filosofía y la ciencia, siempre con una mezcla de curiosidad y testarudez. Porque —admitámoslo— somos una especie que no puede resistirse a preguntar “¿por qué?”, incluso cuando el maestro ya está desesperado por pasar al siguiente tema.

La ciencia, desde sus albores, ha intentado responder con método: observar, recopilar datos, analizarlos, formular hipótesis, experimentar, equivocarse, volver a probar… y repetir hasta encontrar regularidades. Claro, algunos científicos se equivocaron, pero lo hicieron con estilo, porque equivocarse pensando críticamente es mejor que acertar repitiendo como loro (Popper, 1959).

El problema surge cuando intentamos enseñar ciencia en la escuela como si fuera la receta de un pastel: tres pizcas de teoría, dos cucharadas de práctica, hornee veinte minutos y… ¡listo! El docente, a diferencia del investigador, ya conoce el final de la historia; y el alumno sabe que el maestro sabe, por lo que lo único que espera es que “lo guíe”. De ahí nacieron los enfoques conductistas y los laboratorios escolares estilo “taller de repostería científica”, donde lo importante era obtener el resultado correcto. Como decía el propio Schön (1983), el riesgo es olvidar los orígenes empíricos de las ideas y quedarse solo con el “producto terminado”.

Hoy el panorama es otro. La tiranía del libro de texto, antaño máxima autoridad, ha sido reemplazada por la avalancha de las redes sociales, el flujo incontrolable de Internet y —últimamente— por la siempre intrigante Inteligencia Artificial. En este escenario, las palabras de Sagan resuenan con más fuerza que nunca: no se trata de enseñar contenidos descontextualizados, sino de fomentar la actitud de quien se atreve a interrogar a la realidad. Como Tales, que miraba al cielo y terminó cayendo en un pozo, o como Feynman, que hacía bromas mientras explicaba mecánica cuántica (Feynman, 1985). Porque sin curiosidad, no hay ciencia… solo aburrimiento.

Ya que hablamos de curiosidad, recuerdo un episodio digno de contarles. En mi querida Secundaria Profesor Moisés Sáenz Garza, de Apodaca, Aarón Lozano, un inteligente compañero de Santa Rosa, preguntó al profesor Pedro Cantú Chapa al iniciar el segundo semestre de las materias de física y química:

—“¿Qué temas vamos a estudiar este semestre, profesor?”

A lo que el maestro, con sonrisa pícara y sabiduría adelantada a su tiempo, contestó:

—“No importa los contenidos que estudiemos, porque a lo mejor se les olvidan en el futuro… lo que importa es lo que ustedes descubran”. Ese momento generado por mi compañero y por mi profesor fue un destello pedagógico que hoy coincide plenamente con la filosofía de la Nueva Escuela Mexicana (NEM): enseñar a aprender, a indagar, a trabajar en equipo y a plantear soluciones creativas a los problemas de la vida. Lo de menos es recordar la fórmula de la aceleración o la ley de Ohm, entre muchas más; lo trascendente es formar mentes inquietas, capaces de conectar ciencia, matemáticas, arte, tecnología y humanidad en proyectos con sentido (SEP, 2022).

En pocas palabras: la NEM, Carl Sagan y Pedro Cantú Chapa nos recuerdan que la enseñanza no debe ser una carrera de memorización, sino un viaje de descubrimiento.

Referencias

Feynman, R. (1985). Surely you’re joking, Mr. Feynman! W. W. Norton.

Popper, K. (1959). The Logic of Scientific Discovery. Routledge.

Sagan, C. (1996). El mundo y sus demonios: La ciencia como una luz en la oscuridad. Planeta.

Schön, D. A. (1983). The Reflective Practitioner: How Professionals Think in Action. Basic Books.

Secretaría de Educación Pública [SEP]. (2022). Plan de Estudio para la Educación Preescolar, Primaria y Secundaria. SEP.