
Monterrey.- Daniel Bernoulli: Hola, José Ángel. Te he visto varias veces pasar por mi estante, pero siempre te pasabas de largo.
José Ángel: ¡Perdón, Daniel! Es que andaba atrapado entre Einstein, Planck, Bohr, McCarthy y Minsky… relatividad, cuántica e inteligencia artificial me tenían secuestrado. Pero ya estoy aquí y quiero hablar de física… ¡y futbol!
Bernoulli (arqueando una ceja): ¿Futbol? Eso en mi siglo XVIII ni existía.
José Ángel: Pues te va a encantar. Mira: un jugador patea el balón con efecto, éste gira, describe una curva en el aire y deja al portero más perdido que Newton en un agujero negro. Y todo eso… ¡tiene que ver contigo y tu famoso principio!
Bernoulli (curioso): ¡Ah! Cuando el balón gira, el aire pasa más rápido por un lado que por el otro, baja la presión en ese lado y la pelota se curva hacia allá (Bernoulli, 1738).
José Ángel: Exacto. En clase lo explico con tus propias palabras: “Donde el fluido va más rápido, la presión es menor”. Y les pongo ejemplos futboleros; en mi niñez, en las canchas del Mezquital, analizaba las trayectorias de los tiros de Raúl Martínez, los hermanos Arredondo y compañía. Yo no jugaba, pero ya hacía física de tribuna.
Bernoulli (riendo): ¡Eso sí que es pasión científica! ¿Los futbolistas entienden esto?
José Ángel: No con ecuaciones, pero lo intuyen: ajustan fuerza, ángulo y punto de contacto para lograr el efecto. Así descubren, sin saberlo, que la física gobierna su deporte.
Bernoulli: Hermoso. La naturaleza siempre obedece sus leyes, aunque no las veamos. ¿Qué más explicas con futbol?
José Ángel: De todo: la gravedad que baja el balón, el impulso de un penalti, el trabajo y la energía en cada sprint… ¡un partido es pura física en movimiento!
Bernoulli (entusiasmado): ¡Extraordinario! Mi principio en un balón… jamás lo imaginé.
José Ángel: Y seguirá inspirando a jóvenes y maestros. Por cierto, un día me cuentas cómo ganaste el premio de la Academia de Ciencias de París en 1734 con tu trabajo sobre ondas acústicas… venciendo a tu propio padre Johann.
Bernoulli (suspira dramáticamente): Ese partido familiar sí que fue intenso. Pero te lo contaré la próxima vez, quizá mientras hablamos de aviones, tuberías y otras maravillas.
José Ángel (sonriendo): Perfecto, Daniel. Pero por ahora… ¡te toca la patada inicial!
Bernoulli (tomando un balón): Está bien, pero si meto gol… quiero que lo llames efecto Bernoulli.
José Ángel: Trato hecho.